martes, 19 de febrero de 2013

Piscis y Dionisio






El mito griego que representa mejor al signo de Piscis es el de Dionisio (el Baco romano), dios del vino. Dionisio es hijo de Zeus y Sémele. Zeus estaba casado con la dios Hera y sabía perfectamente que su marido no le era fiel. En cada caso, reaccionaba de manera distinta, pero a mi consideración, en este episodio específico, se vuela la barda. En lugar de castigar a Zeus por su infidelidad, o incluso lastimar a Semele, concentra toda su furia en el pequeño Dionisio. Hera se hace pasar por la sirvienta de Semele y la convence de pedir una prueba de amor a Zeus. Semele, accede y le pide a Zeus que se muestra ante ella en todo su esplendor, de esta manera, Zeus de muestra como relámpago y calcina a Semele. Hermes, el mensajero de los dioses, se da cuenta que Dionisio sigue vivo y salva al feto, que deposita en el muslo de Zeus para que termine de formarse. Al nacer fue criado por las ninfas, personificación de espíritu de la naturaleza. Dionisio llega a la edad adulta y el rumor de que está vivo llega a oídos de Hera. En venganza, lo enloquece y de esta forma Dionisio anda errante por el mundo. Los Titanes son forzados por Hera a apresarlo. Dionisio les da lata ya que va cambiando constantemente de forma pero finalmente triunfan; lo descuartizan y hierven en un caldero. De la sangra que caía al suelo, brotaban granadas. La abuela de Dionisio, Rea, lo rescata y resucita. Lo viste de mujer para esconderlo de Hera.
Dionisio vaga por el mundo relacionándose con los animales, vegetación, sátiros, Ménades y distintos seres del bosque. Un día decide que es tiempo de rescatar a su madre Semele del reino de los muertos para llevarla al Olimpo. Semele es la única mortal que ocupa un lugar en el Olimpo.
Dionisio era un dios bondadoso y amable que expresaba libertad y alegría. En los festejos en su honor se llegaba al éxtasis místico. Penteo, tío de Dionisio, no aprueba la actitud de éste y lo apresa junto con las Ménades, sin saber de su naturaleza divina ya que Dionisio estaba disfrazado de vieja andrajosa. Dionisio confronta a Penteo pero éste no le cree y le pide pruebas, así que Dionisio se venga haciendo una orgía en la que enloquece a la madre de Penteo y hace que ella vea a su hijo como un león, por lo que lo descuartiza con sus propias manos.
En Piscis hay dos naturalezas, una benéfica y otra destructora. Dionisio es sagrado y vicioso, libre y brutal. Dionisio tiene una parte de escapista, se disfraza para esconderse y cambia de forma para escaparse de los Titanes. Esto es una característica presente en Piscis, si lo queremos retener por la fuerza, simplemente se diluirá como agua entre las manos. El disfraz alude a la capacidad que tiene el signo de Piscis de mimetizarse con su entorno hasta tal grado que pasa desapercibido a la mirada de los demás. Piscis, Dionisio, son el elemento agua que se transforma según el ambiente en el que se encuentra. Piscis se mueve al igual que Dionisio en un mundo confuso en que no se sabe distinguir a ciencia cierta la realidad. El dolor que suele vivir un Piscis en su vida, como el de Dionisio, es la manera en que logra comprender la naturaleza de la unidad. El Mito de Dionisio hace hincapié en la descuartización y unión de un cuerpo una y otra vez, la muerte y resurrección, las partes y el todo. A través del dolor, la pérdida, el sufrimiento, Piscis obtiene la comprensión de algo más grande, algo de lo que todos somos parte, y su atención pasa de estar en él mismo, a la humanidad en su totalidad. Lo mismo que puede llevar a Piscis al conocimiento, es lo que lo puede destruir. Este es precisamente el peligro que radica en el signo de Piscis, que en su afán por ser parte del todo, es capaz de autodestruirse físicamente. Es por esto que resulta necesario que los Piscis encuentren un campo en el cual puedan sentirse unidos a algo más grande que ellos sin necesidad de lastimarse o sufrir. Piscis comprende el todo, y las partes le son insignificantes.